Conservo de la época predigital una colección de cintas de cassette que guardo en unos clasificadores de madera que deberían estar sujetos a la pared o donde fuera, pues cada vez que sin querer los rozo se desestabilizan y sobreviene una avalancha de cajitas de plástico que producen un sonido tan estridente que es como si toda la música contenida en las cintas sonara a la vez. Mientras las recojo, sin embargo, puedo disfrutar de cada melodía por separado.
No sé si las cintas saltan porque quieren suicidarse o solo intentan llamarme la atención, es posible que quieran decirme algo: estamos aquí y todavía sonamos bien. ¿Por qué nos has arrinconado?
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