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World Press Photo 12 y El Paral·lel, dos exposiciones imprescindibles en el CCCB

Antes pero, había que coger fuerzas, aunque sin pasarse, que los excesos de los últimos días recomendaban algo ligerito, así que mi amigo Miquel y yo nos tomamos una ensaladita en el Organic, y un segundo para completar una comida que, últimamente, no nos parece que se pueda comparar a las que tiempo atrás solíamos hacer en este restaurante de comida vegetariana y orgánica.



Luego, de camino al CCCB descubrimos un par de Alicè que ya pudimos ver en Barcelona Mon Amour.



De las exposiciones vigentes en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona decidimos ir a ver la de World Press Photo, pues ya es el tercer año consecutivo que la visitamos y siempre nos ha parecido muy interesante, y la de Paral·lel 1849-1939, por el hecho de que muestra una parte de la historia de nuestra ciudad.



La Fundación Photographic Social Vision ha organizado, por octavo año consecutivo, la exposición internacional World Press Photo en el CCCB. Las 156 fotografías que se pueden ver en la exposición son todas ellas ganadoras del prestigioso premio internacional de fotoperiodismo. Pero en esta ocasión, el premio a la máxima categoría, el World Press Photo of the Year 2011, ha recaído en un fotógrafo catalán, Samuel Aranda. 


La imagen tomada durante las revueltas en el Yemen muestra a Fatima con su hijo de 18 años Zayed al que tras asistir a unas manifestaciones sufrió los efectos de los gases lacrimógenos. Durante los incidentes murieron al menos 12 personas y una treintena resultaron heridas. Fatima encontró a su hijo en una mezquita habilitada como hospital y Yazed pasó en coma los dos días siguientes. A pesar del dramatismo de la imagen, la composición es tan buena que crees estar viendo una representación teatral. De Samuel Aranda se muestran algunas fotografías más, como ésta de los edificios de El Cairo durante una tormenta de arena.


Al igual que Samuel, el resto de fotógrafos manifiestan, a través de la imagen, situaciones y conflictos que se producen en todo el mundo. Como es el caso de la pesca furtiva de tiburones para luego cercenarles las aletas para hacer con ellas la popular sopa.


Debido a esta práctica están desapareciendo muchos de los tiburones que habitaban en nuestros mares y océanos. Evidentemente no es ésta la única situación trágica que se describe, pero al leerlo me ha recordado la exposición sobre tiburones que vi hace un tiempo en el museo marítimo.
Tras esta dosis de dramatismo pasamos a ver otra exposición que, en principio, era más "amable".


La exposición "El Paral·lel. 1894-1939" es muy completa y se articula en diferentes secciones que van desde su origen, el urbanismo, hasta los usos que se le dieron a la avenida.
En 1894 fue inaugurada la urbanización de la vía que llevó el nombre oficial de avenida del Marqués del Duero, nombre que conservó (excepto durante la República, que pasó a llamarse avenida de Francesc Layret) hasta 1979, momento en que se convirtió en la avenida del Paralelo. El nombre se le atribuye a Cerdà, aunque posteriormente surgió la leyenda de que el nombre provenía de una taberna que había con esta denominación. En cualquier caso, es interesante notar que tanto la avenida del Paralelo como la avenida Meridiana coinciden aproximadamente con esas líneas imaginarias, la 41º 22' 34'' y 2º 10' 20'' respectivamente.


¿Y dónde se cruzan ambas líneas? Pues en la torre del reloj del puerto, que por ello está relacionada con la determinación del metro patrón.
Cerdà había previsto un ancho de avenida de 50 metros, pero el Paralelo acabó teniendo, por la presión de los propietarios de los terrenos, un ancho de 40 metros y porches de 5 metros a cada lado. Sin embargo, a la sombra de la ley de porches, fueron apareciendo almacenes provisionales que, en lugar de convertirse en edificios porticados, se fueron transformando en teatros. La ley de porches fue derogada en 1929, pero hoy en día todavía podemos ver algunas de esas estructuras. Sin embargo, para poder llevar a cabo el proyecto de urbanización, primero hubo que derribar la muralla que daba al mar. Anteriormente esta zona estaba destinada al uso agrícola, pero su localización también la convirtió en un lugar frecuentado por diversas formas de marginalidad. En el momento que se articuló la construcción de l'Eixample y la nueva urbanización del Paseo de Gracia y Plaça Catalunya, muchos de los negocios dedicados al entretenimiento popular, fueron trasladados y reubicados en el Paralelo.


También se extendió la oferta vinculada con la prostitución bajo la apariencia de cafés concierto o music- halls.



La exposición se completa con un repaso exhaustivo de las diferentes artes escénicas que proliferaron en la zona, desde el teatro, pasando por el cuplé, hasta la magia o el cinematógrafo.







Finalmente nos proponen continuar la visita por las Rutes paral·leles que nos lleven por el Paralelo a través de itinerarios urbanos diseñados con contenidos de la exposición.

Ver además:
El metro, el meridiano de París y Barcelona del blog: La Tierra de los Topos
Un crimen en el Edén Concert del blog Cosas de Absenta.
El Paral·lel del Grup Diodati

Paseos curiosos por Barcelona (11ª parte)

Bibliografía: Paseos por la Barcelona científica. Xavier Duran y Mercè Piqueras.
Guía de la exposición: El Paral·lel 1894-1939. Barcelona i l'espectacle de la modernitat

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Todo un día en París

El segundo día en París fue maratoniano. Cuando llegué por la noche al hotel pensaba que se me habían desgastado los pies. Ahora, viendo todo lo que hicimos y caminamos en un solo día, empiezo a entenderlo.
A primera hora fuimos a visitar la Ópera Garnier. Aunque sería más apropiado llamarlo Palacio Garnier.



La ópera que inspiró a Gastón Leroux para su fantasma estuvo a punto de no acabar de construirse por diversas circunstancias. En una ocasión al encontrarse las cuevas con aguas subterráneas que aparecen en la citada novela.




Pero qué sería de una ópera sin su teatro, adornado con terciopelo rojo, hojas doradas ninfas y querubines, con su enorme araña de seis toneladas y el polémico techo de Chagall.





De la ópera fuimos al Orsay: un museo impresionista en una estación de ferrocarril. Nos habían dicho que ya no se podían hacer fotos en su interior y, aunque había carteles que así lo advertían, los que disparaban sus cámaras eran legión. Así que, finalmente, nosotros también sacamos algunas instantáneas. Eso sí, en las salas la prohibición era más estricta y te podía caer una buena reprimenda si te pillaban.








Para evitar las colas a la entrada es conveniente o llevar el París Museum Pass o haber sacado las entradas con antelación. En ambos casos entras por otra puerta apenas sin hacer cola. Las entradas pueden sacarse por anticipado en Internet o en la Maison de la France (C/Fontanella 21-23 en Barcelona). Es uno de mis museos favoritos, por lo que, aunque ya había estado, no me importó volver. Al salir comimos un bocadillo rápido y nos pusimos a andar por la ribera del Sena.



Y cuando llegamos a Notre Dame, apenas echamos unas fotos y seguimos nuestro recorrido.





Sin embargo, si se dispone de tiempo, recomiendo subir a las torres, desde donde se disfruta de unas increíbles vistas de París y, además, pueden verse de cerca sus famosas gárgolas, entre ellas la que dio nombre al primer post, la stirga. Por mi parte solo pude sacar esta foto de las gárgolas desde la distancia.



El día acompañaba. Había dejado de llover, lo que me permitió sacar una foto que, cuando la vi en casa, pensé que sería perfecta como fondo de pantalla.


Finalmente llegamos hasta el jardín de las plantas. Se trata de un jardín botánico abierto al público que, sin embargo, en esta época del año no lucía especialmente. A pesar de ello, me esforcé por sacar alguna foto que mereciera la pena.





Llegados a este punto, empezábamos ya a notar el cansancio y con éste las dudas acerca de qué hacer a partir de ese momento. Finalmente decidimos dirigirnos hacia Montmartre. Llegamos a la mejor hora para las fotos.






Como ya caía la noche decidimos quedarnos a cenar en un restaurante del barrio:



Y para variar, regresamos andando hasta el hotel, pasando por otra de las reconocibles estampas de París.


Lo sé. Quería hacer una entrada que se apartara de los tópicos y, sin embargo, solo Woody Allen me supera con "Vicky Cristina Barcelona". Prometo algo más original en futuras entradas.
Continuará...

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La ciudad de la luz

Aunque no hacía mucho que había estado en París con Ángeles, no me ha importado volver, pues es una de esas ciudades que no te la acabas nunca y, en esta ocasión, el viaje tenía un propósito muy diferente: celebrar el 10º aniversario de la formación del grupo de literatura Diodati.
Solo llegar tuvimos un pequeño problema con las habitaciones del hotel (aún no las teníamos disponibles), por lo que fuimos a comer donde fuera para hacer tiempo, y nos metimos en un restaurante que, como se hacía en las carreteras al ver muchos camiones aparcados a la entrada, escogimos por la cola que había en la puerta. Se trataba del restaurant Chartier cerca de la parada de metro Grands Boulevards. Mientras esperábamos, nos enteramos que la cola era debido a que la relación calidad precio del restaurante era buena. Aunque el local tenía un aire de sofisticación,



nos sorprendió ver que la camarera nos tomaba nota en el mantel de papel y que luego copiaba el pedido en una servilleta (imagino que sería una tradición del local que, por otro lado, parecía tener ya unos años). Pero lo más sorprendente es que al pedirle la cuenta arrancó la parte del mantel escrita e hizo allí los cálculos (como en las ferreterías de toda la vida o el bar de tapas de la esquina).


Yo tuve algún problema al escoger mi comida ya que apenas habían platos vegetarianos. Así que hice algo inusual, pedí unos espaguetis blancos (sin salsa) y por otro lado un plato de champiñones que luego mezclé con la pasta (hágase usted mismo el menú). De segundo, pero, pedí una tabla de quesos que estaban riquísimos.
Tras satisfacer nuestros estómagos y solucionar el tema de las habitaciones, y dado que estaba lloviendo, decidimos hacer la ruta de los passages. Galerías cubiertas bajo techos de cristal traslúcido repletas de tiendas con preciosos escaparates. La más fotografiada: la antigua librería de la esquina de la galerie Vivienne:


Y entonces ocurrió algo místico, casi sobrenatural. Paseando por esa galería vi un portal entreabierto y, sin saber aún porqué, me colé en su interior (cosa rara en mí). Cuando me encontré allí, solo, descubrí que ese lugar me era familiar.



Era la escalera de caracol de la entrada pequeños planetas que publiqué no hace mucho. ¿Cuantos portales puede haber en París? La tremenda casualidad hizo que se me erizara el vello. Tras hacerle unas fotos salí en busca de mis compañeros para compartir con ellos aquel suceso tan extraordinario.

Por cierto, también en la galería Vivienne hice esta foto:



No fue la única vez que me topé con Hermes que, desde que hicimos la cacería en Barcelona, mi ojo se había acostumbrado a localizarlo.
De los passages, algunos nos dirigimos hacia la ópera de la Bastilla, donde habíamos reservado entradas para ver:


Era la primera vez que iba a la ópera y encima en París. Estaba emocionado. Lástima que no fuera la Ópera Garnier. Aunque cogimos asientos del segundo balcón (casi arriba de todo): 



se veía bien y se escuchaba perfectamente, por lo que, cuando llegó el momento, pudimos disfrutar del intermezzo de Cavalleria rusticana:




y, tras el descanso, "Pagliacci", que justo antes de partir de viaje pudimos ver en el programa de la televisión: "Òpera en texans".


Gracias a ese programa me enteré que Queen había incluido (homenajeado) el famoso estribillo de Pagliacci en "It's a hard life" al inicio de la canción:


(Si queréis más información y vídeos relacionados con estas óperas podéis visitar el post de Guacimara). Y, finalmente, el público arrancó en aplausos que duraron varios minutos:


Para acabar la noche, y después de asistir a la ópera literalmente en tejanos, ¿por qué no una "crêpe" de chocolate?. Un dulce colofón a nuestro primer día en París.


Continuará...
Ver también: Pequeños planetas

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Forever young

Todos recordareis el tema de los 80 de Alphaville "Forever young" que, por cierto, ése era el nombre originario de la banda antes de cambiarlo cuando sacaron su primer disco.


No sé por qué, pero me lo creí, creí que ese chico no envejecería, por eso me sorprendió ver que había madurado (no voy a decir envejecer), como todos los mortales, en el siguiente vídeo:


Esta introducción se debe a que el pasado viernes fuimos a ver, en el teatro Poliorama, la comedia musical Forever Young, dirigida por Tricicle.


Al parecer los de Tricicle estaban de gira en Noruega y entraron a ver un musical para pasar el rato, por aquello de que si era un musical al menos escucharían las canciones aunque no entendieran nada, pero les gustó mucho...bueno, mejor que lo cuenten ellos:


La historia se centra en un geriátrico del futuro en el que viejas glorias del espectáculo intentan revivir épocas pasadas. Entre canción y canción también se entretienen interpretando a clásicos teatrales, haciendo magia o peleándose. Te ríes bastante aunque el trasfondo es muy triste pues constantemente hacen referencia a la vejez, a las enfermedades de la edad y a la muerte. Sin embargo, intentan dar un mensaje de esperanza que, por si no había quedado claro, lo verbalizan al acabar la obra.
Entre lo que más nos gustó fue lo bien que cantaban, la interpretación de Dulcinea Juárez en su papel de "indignada", y algunas de las canciones: I love rock'roll; Forever Young; o el Medley que magistralmente canta Rubén Yuste acompañados siempre al piano por Marc García Rami. También es muy buena la parte en que interpretan a los clásicos. Entre lo que menos nos gustó está esa constante referencia a la muerte, que como gag de humor negro está bien, pero quizás es demasiado repetido. Por ejemplo, cada vez que cantaba la enfermera (Edith Salazar), aunque lo hacía muy bien, sus intervenciones bajaban la intensidad de la obra. Era como arrojarles un cubo de agua fría a los viejecillos, pero que algunas gotas salpicaran también a la audiencia que claramente no aplaudía con el mismo fervor tras cada una de sus intervenciones.
A pesar de ello consideramos que es un espectáculo muy recomendable donde puedes ver a auténticos artistas sobre el escenario. 

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Todos eran mis hijos, de Arthur Miller


Hace ya dos semanas fuimos al teatro Poliorama a ver "Todos eran mis hijos", tenía mucha curiosidad por ver una obra de Arthur Miller, pues tengo un recuerdo bastante potente, de haber visto "Muerte de un viajante" en los remotos Estudios 1 de televisión española.
Arthur Miller dedicó todas sus obras a la crítica social; en este caso arremete contra la industria armamentística. Pero, por desgracia, creo que el argumento hoy en día, puede pecar de ingenuo pues el "todo vale por dinero" se queda corto ante un telediario cualquiera. De todas formas me encantó poder ver representado algo suyo, porque todavía recuerdo la lectura de una entrevista que le hicieron en el dominical del País hace años, que me impresionó por la lucidez y el espíritu crítico que contenía.

La verdad es que creo que esta obra no tiene tanta intensidad dramática, como "Las brujas de Salem" o la misma "Muerte de un viajante" que son las que he visto de él, aún y así tiene momentos bastante intensos. Ya sabíamos que la duración de la obra había sido aligerada, pero salvo por pequeños detalles, no creo que perjudicara a su desarrollo.

La historia gira alrededor de una familia, en la que el padre regenta una fábrica de armas durante la guerra. Hay un hijo desaparecido de esa contienda, otro hijo intentando reconducir su vida hacia una posible felicidad, y un secreto familiar que puede dar al traste con la vida de todos.

Intervienen algunos personajes secundarios que tan solo aparecen al principio y al final de la obra, por lo que su presencia es casi anecdótica. También me sorprendió, aunque no estoy segura si estaba hecho a propósito, que, al principio, los actores se "pisaban" las frases, creando un poco de confusión.

Los personajes más importantes como el del padre, protagonizado por el actor Carlos Hipólito y el de la madre por Gloria Muñoz están magníficamente interpretados, se les nota que tienen el oficio pegado a su piel. Me sorprendió positivamente Manuela Velasco, en el papel de novia. Seguramente muchos la habréis visto en la pelicula "Rec" aunque yo no la había visto, pues soy un poco miedica.  La chica lo hacía estupendamente, le daba mucho dramatismo a su personaje y haciéndomelo totalmente creíble. Me pareció una muy buena actriz. En cuanto a Fran Perea, el hijo, no me desagradó, estuvo correcto, pero no me llego tanto como los demás, no porque estuviera mal, si no quizá porque su personaje era más plano.


La escenografía creo que era curiosa, se trataba de una parte de la fachada de la típica casa sureña, con su puerta de tela de mosquitera y su mecedora, pero en lo que se suponía que era la parte del jardín, había un bosque de árboles, muy juntos y altísimos, la verdad es que estaba muy bien logrado, parecía auténtico.

El vestuario era de los años cuarenta-cincuenta, hay varios cambios trajes y de peinado, muy bonitos, en especial Manuela Velasco, que tiene una presencia muy atractiva.

La obra tiene una duración de hora y media, así que no era muy tarde cuando salimos, en plenas Ramblas, en el apogeo de un viernes noche, por lo que convencí a Enrique de tomarnos un helado en el Amorino, buscamos un sitio tranquilo donde disfrutarlo bien acomodados pues el local no dispone de asientos y, mientras mirábamos la Luna llena, nos dedicamos un buen rato a comentar lo que habíamos visto. ¿Que más se puede pedir?

Desgraciadamente me temo que justo hoy han dejado de representarla en el Poliorama, así que el post va para aquellos que aún tengan la oportunidad de verla en otros lugares. Siento el retraso en el post.

Por cierto, aprovecho para desearos a todos los que nos leen un feliz verano, si tenéis vacaciones, que las disfrutéis y los que no, que vuestro tiempo libre sea mucho y bueno.

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Teatro Romea: La Avería

"La Avería" es una obra basada en un cuento del escritor suizo Friedrich Dürrenmat, que pudimos ver en el Teatre Romea, y en la que se reflexiona acerca de conceptos como la ley y la justicia, o la pérdida de valores y la falta de humanidad. Está dirigida por Blanca Portillo, e interviene un elenco de actores tales como: Daniel Grao, Emma Suárez, Fernando Soto, José Luis García-Pérez, Asier Etxeandía y José Luis Torrijo.


Alfredo Traps es un viajante de comercio que regresa a su casa en su flamante Studebaker color cereza cuando sufre una avería y se ve obligado a aceptar la hospitalidad de un anciano y su ama de llaves. Pronto aparecen los amigos del anfitrión y mientras cenan proponen al comercial participar en un curioso juego de tribunales. Así empieza el cuento de Dürrenmatt adaptado por Fernando Sansegundo.


La obra dura poco más de dos horas sin entreacto y solo se representa en el Romea hasta el 15 de mayo. La puesta en escena es muy curiosa. Solo entrar en el patio de butacas ves que la obra ya ha empezado, pues un par de actores están podando rosas y preparando bebidas mientras el público acaba de sentarse. La atmósfera que se crea es inquietante: las caretas, el escenario, la música... pero enseguida las bromas y gestos de los ancianos distienden el ambiente, aunque el espectador se vea sumido en una montaña rusa de emociones. Luego, cada vez que Mademoiselle Simone trae un nuevo plato de la cena, interpretan una coreografía que hasta en una ocasión llegó a arrancar los bravos del público y los aplausos tras un canto a cappella que me pareció magnífico.
La expresividad de los actores es admirable, todos están muy bien en su papel, pero destacaría a Asier como fiscal y José Luis como acusado. No dudo que acaben agotados tras la actuación.


La dirección de Blanca Portillo es también digna de elogio. La función parecía una máquina perfectamente engrasada. Y, tras salir del teatro, no podías dejar de pensar en los mensajes de la obra.
Enrique

Creo que a mi me gustó un poco menos, aunque hubo momentos que me entusiasmaron, quizá no estoy acostumbrada a este tipo de teatro.
De lo que no cabe duda es de que el trabajo de los actores es perfecto, a mi me gusto especialmente el fiscal  y las coreografías y cantos me sorprendieron, el juez se marca en una ocasión unos pasos a lo Michael Jackson, todo ello de manera impecable. Recomiendo que los que tengan la oportunidad de verla se acerquen al teatro pues verán algo diferente y un magnifico trabajo de los actores.
Ángeles

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