Estambul (3ª parte): Beyoglu

(Viernes 27-07-12. Mañana)
Antes de seguir sería conveniente tener una perspectiva global de la ciudad para poder situarnos. Estambul está situada en el estrecho del Bósforo que comunica el mar Negro al norte con el mar de Mármara al sur



y es la única ciudad importante en el mundo situada entre dos continentes. La parte asiática queda al este y la europea al oeste. La zona metropolitana es inmensa. En Estambul viven alrededor de 13 millones de personas.


Además, en el próximo mapa podemos apreciar otra lengua de mar (la que sube a la izquierda) que no tiene salida y que es el Cuerno de Oro. 

  
Nosotros teníamos el hotel aproximadamente donde aparece la A. Es la zona de Sultanahmed junto al Serrallo. La distancia entre el hotel y el tercer puente del Cuerno de Oro es de unos 6 km. Es decir, que moverse a pie por todo el centro sería factible si uno conociera bien la ciudad y no hiciera tanto calor. Llegar hasta Beyoglu, que es el barrio situado al otro lado del Cuerno de Oro, pasado el puente de Galata, se puede hacer andando, y de hecho lo hicimos, sin problema. Beyoglu es otra buena opción donde buscar hotel.
Beyoglu sería hasta el segundo puente

Como he dicho, después de disfrutar de un abundante desayuno, decidimos ir andando hasta Beyoglu. De camino, pasamos por la estación de Sirkeci. Esta magnífica estación de ferrocarril se construyó para recibir al deseado Orient Express europeo.






La estación se inauguró en 1890, aunque el primer viaje del Orient Express, desde París a Estambul, fue en 1889. Prototipo de exotismo, el tren se asoció a una concepción romántica de Estambul y fue fuente de inspiración de al menos 19 libros, entre ellos el famoso "Asesinato en el Orient Express" de Agatha Christie. En su momento fue uno de los trenes más lujosos del mundo, por lo que era usado por ricos y aristócratas.




En esta ocasión, la fachada principal estaba en remodelación. Pero aún puede apreciarse como el diseño arquitectónico de Jasmund incorpora con maestría diferentes elementos de la tradición estambulí. Lo que sí que pudimos ver fue un pequeño museo incorporado a una de las salas.





Actualmente la estación no es la más importante de Estambul. De aquí salen trenes a Grecia, y a la Turquía europea. La estación más importante es la de Haydarpasa.

Seguimos andando hasta llegar al inicio del Cuerno de Oro, desde donde podíamos contemplar Beyoglu y la torre de Galata en una estampa típica de Estambul.



Llegamos al puente de Galata y lo cruzamos (para cruzarlo debe hacerse desde la parte superior, donde están los pescadores). Y ya estábamos en Beyoglu. Sin embargo, este barrio se sitúa en una colina, y las calles que llevan hasta el centro (o incluso hasta la torre), son bastante empinadas. Nosotros decidimos coger el Tünel. Se trata de un funicular subterráneo que te lleva desde la base hasta el inicio de la calle de Istiklal. De haber ido en tranvía desde el hotel nos hubiéramos bajado en la estación de Karakoy. La entrada de Tünel es muy discreta (en letras doradas) y se encuentra a la izquierda al pasar el puente y subir una calle hasta Tersane Cadesi (que por cierto, por ese lado no hay paso de peatones y tienes que sortear los coches que vienen a gran velocidad). Por la derecha, sin embargo, podéis encontrar un paso subterráneo. A la entrada del Tünel podéis ver su historia en unos paneles.




Se trata, después del metro de Londres, del transporte subterráneo más antiguo del mundo. La construcción del funicular fue una iniciativa del ingeniero francés Eugene Henri Gavand que vio la necesidad de conectar los dos distritos de negocio de la época. El sultán Abdülaziz concedió el permiso de construcción en 1869 y el funicular se inauguró el 17 de enero de 1875 (ha cumplido 137 años).




En realidad fuimos dos veces a Beyoglu en dos días distintos, por lo que para no hacerme pesado incluiré aquí ambas visitas como si hubiera sido una. Solo salir de la estación de funicular te encuentras con Istiklal y el inicio del tranvía histórico.



El tranvía recorre toda la calle Istiklal, desde la plaza del Tünel hasta la de Taksim. Es inevitable escuchar la campana cada vez que pasa ya que al ser la calle peatonal, muchas veces la gente camina entre las vías.




También es habitual ver a niños (y no tan niños) agarrarse a la parte posterior del tranvía y viajar gratis (aunque más bien es un juego para ellos).




Durante siglos, los extranjeros que vivían en Estambul, residían en Beyoglu. Por ello, las grandes potencias europeas, desde el s. XVI, establecieron sus embajadas en esta zona con el fin de proteger sus intereses con el Imperio Otomano. El ambiente no ha cambiado con el paso de los siglos, pues se sigue manteniendo una gran actividad comercial. De hecho, la calle Istiklal, vendría a ser como Portal de l'Angel en Barcelona.

Pero nosotros lo primero que hicimos fue dirigirnos hacia el Pera Palace. Para ello torcimos a la izquierda más o menos en la primera calle grande y enseguida dimos con él.



El hotel Pera Palas es uno de esos hoteles de fama legendaria que se inauguró en 1892 para acoger a los viajeros del Orient Express. Ha cambiado poco desde entonces, conservando un aire del pasado. Entre los clientes que han contribuido a la leyenda del hotel destacan Mata Hari, Greta Garbo, Jackie Onassis, Sarah Bernhardt, Josephine Baker y Atatürk. También es posible ver la habitación que ocupó Agatha Christie.

Nosotros entramos para verlo, pero ya de entrada pasas por un detector de metales, como llevaba la cámara en la mano me sonó. En seguida vinieron a preguntarnos. El sitio es de lo más lujoso, por lo que aunque nos condujeron al café, desistimos de tomarnos nada.
De allí en cuatro pasos te plantas en el Museo Pera. El museo se inauguró en el 2005 por la Fundación Suna y Ínan Kiraç. Ubicado en el antiguo hotel Bristol, se ha convertido en un moderno centro cultural. Son habituales las exposiciones temporales. Actualmente se exhibe una colección de grabados de Goya, y algunas pinturas.




Entre sus colecciones permanentes se incluyen pesos y medidas otomanos, más de 400 ejemplos de azulejos y cerámica de Kütahya del s. XVIII y la exposición de arte oriental que reúne obras de artistas europeos inspirados en el mundo otomano desde el s.XVII al XIX.





Durante la visita al museo sonaba de fondo la música de Mercan Dede. Así que os dejo un vídeo en el que además pueden verse imágenes de Estambul.




Tras la visita nos tomamos un té en el café del museo. Un auténtico lujo.


Continuará...

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Estambul (2ª parte): Hipódromo

(jueves 26-07-12 por la noche)
Al salir del patio de la mezquita azul por la puerta del hipódromo llegas a un jardín o plaza peatonal (At Meydani) que en realidad constituye el antiguo hipódromo.


Aunque queda poco del gigantesco estadio que antaño constituyó el corazón de la ciudad bizantina de Constantinopla, los restos sirven para hacerse una idea de su magnitud (su aforo era de 100.000 espectadores).




Desde la fundación de la ciudad de Constantinopla, el 10 de mayo del año 330, el hipódromo se convirtió en el escenario de los acontecimientos públicos más importantes de los 1300 años posteriores. Construido por el emperador Septimino Severo en el s.III tras haber destruido previamente la ciudad fue posteriormente ampliado por Constantino que lo conectó con el Gran Palacio a través del palco real o kathisma. En época bizantina, el Gran Palacio se levantaba en la actual Sultanahmet y no tenía parangón en toda Europa.



Pero centrándonos en el hipódromo, si observamos la calle que circunda la plaza, ésta seguiría el recorrido que hacían los carros. Ese era el pasatiempo preferido de los bizantinos, incluso cuando el estadio fue cayendo en ruinas tras la toma de Estambul por las  tropas otomanas.

Columna serpentina a la derecha y
columna de Constantino a la izquierda
en la época de Murat III

En la Spina del hipódromo todavía quedan tres antiguos monumentos: el obelisco egipcio, la columna serpentina, y la columna de Constantino.
El obelisco egipcio fue construido en el 1500 a.C. y se levantaba a las afueras de Luxor antes de que Constantino lo trajera a la ciudad.



Este monumento magníficamente tallado, está roto y solo representa 1/3 de su altura original. La base en la que se apoya, del siglo IV, representa a Teodosio I y su familia en la kathisma presenciando las actuaciones.



En los cuatro lados se representan: una carrera de carros; Teodosio preparándose para coronar al vencedor con una corona de laurel:



prisioneros rindiendo homenaje al emperador y el momento en que se colocó este obelisco.
La columna serpentina que se cree que data del 479 a.C. fecha en que se trajo aquí desde Delfos.



Originalmente formada por tres serpientes enroscadas de bronce, lamentablemente las cabezas fueron destrozadas en el s. XVIII por un noble polaco borracho. Una de las cabezas se puede ver en el museo arqueológico.
Por último, otro obelisco conocido como columna de Constantino o de Bronce porque se cree que se protegía con una cubierta de ese metal.



Su lamentable estado se debe a que los jenízaros se subían a el para demostrar su valor. También se echa de menos la columna que se levantaba donde actualmente se encuentra la oficina de turismo.
Otra estructura que se conserva es una fuente abovedada que conmemora la visita a Estambul del káiser Guillermo II en 1898.


El hipódromo ha sido testigo de los sucesos más sangrientos de la ciudad. Como la revuelta de Nika en la que en el 532 y tras un altercado entre equipos rivales en una carrera de carros se destruyó parte de la ciudad y que acabó con 30.000 muertes como represalia.
Pero retornando al presente, y debido a que se celebraba el Ramadán, por la tarde-noche las calles y los jardines estaban muy animados. Incluso pudimos ver una feria de artesanía y gastronomía.


En la misma calle encontramos el Museo de Artes Turcas e Islámicas famoso por su colección de alfombras y situado en un antiguo palacio.
Si caminamos hasta el extremo inferior y cruzamos la calle, encontraremos, ya cerca de la Cisterna de la Basílica, el Milion, una pilastra de piedra junto a unos restos de una torre otomana que es lo único que queda de un arco de triunfo que marcaba el punto a partir del que se medían las distancias de las calzadas.


Aunque la comida que nos dieron en el avión estaba buena, no había sido abundante, por lo que decidimos ir a comer a un restaurante que conocía del anterior viaje porque en él hacían hamburguesas vegetarianas. Se trata del Pub Sultan, un restaurante situado en un edificio histórico y cuya carta está claramente diseñada para "giris". De entrada pedimos mezes y una buena copa de cerveza.



No lo encontré tan bueno como recordaba. La hamburguesa era de espinacas y el pan no era muy bueno. Además no resultó barato.
Luego dimos una vuelta por la zona para impregnarnos del ambiente. Este año hemos coincidido, como ya he comentado, con el Ramadán. Es el mes sagrado en el que los musulmanes no comen ni beben entre el amanecer y hasta que se pone el sol. Las fechas en las que se celebra esta fiesta no son las misma cada año ya que se basan en un calendario lunar. Este año iba del 20 de julio al 18 de agosto. Cada año empieza unos 11 días antes y se tarda 33 años y 5 días en completar el paso por todo el calendario anual. Cuando empezó a anochecer pudimos ver como familias enteras se preparaban en los parques sentados en alfombras dispuestos a realizar la comida en el momento en el que se pusiera el sol. También habían algunos restaurantes (los que no eran para giris) con larguísimas colas en la calle.
Antes de irnos definitivamente al hotel nos impregnamos, una vez más, del ambiente de la noche.

Mezquita de Firuz Aga



Para acabar os dejo un pequeño fragmento de un concierto de folcklore turco.


Continuará...

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Estambul (1ª parte): Mezquita Azul

Llegada a Estambul (jueves 26-07-12)
Hace cuatro años estuve en Estambul con Ángeles, pero debido a una serie de circunstancias: un calor extremo, aglomeraciones en las principales atracciones turísticas, y un claro desconocimiento del medio por mi parte, hicieron que regresara del viaje sin haber disfrutado de la ciudad como hubiera deseado, y me quedó esa espinita clavada. 
Esa sensación se la comenté a mi amigo Miquel y fue él quien me sugirió que regresara en un viaje que haríamos juntos.



Finalmente, he podido congraciarme con la ciudad y la he disfrutado plenamente, ya que no se han dado esas circunstancias negativas (calor sí que hacía, es lo que toca, pero menos y lo hemos sabido sortear).
Agencia de viajes y vuelo:
Para empezar escogimos un vuelo al mediodía, de forma que no tuviéramos que madrugar, pero que tampoco llegáramos muy tarde. Fuimos a la agencia de viajes Orixà que hay dentro de la librería Altaïr y el trato y la eficacia fueron máximas. Volamos con Turkish Airlines con los que no tuvimos ningún problema y que, a la hora de comer, nos sirvieron un menú, con dos segundos a elegir (uno de ellos vegetariano) que no estaba nada mal (teniendo en cuenta que estamos en un avión).
En el aeropuerto:
Llegamos puntuales, pero, cuando aterrizas en Turquía, lo primero que tienes que hacer es ir a pagar el visado (15€), de lo contrario no pasarás el control de pasaportes. Seguidamente recogimos las maletas, que ya estaban dando vueltas por la cinta. En el aeropuerto ya nos esperaban para llevarnos (solo a nosotros dos) en una furgoneta hasta el hotel.
Llegada al hotel:

El hotel escogido fue el mismo al que había ido en la anterior ocasión: Yasmak Sultan. Se encuentra muy céntrico, a pocos minutos de Topkaki y Santa Sofía. De hecho recuerdo que  lo que más me llamó la atención fueron las vistas que, desde la terraza del hotel, podían admirarse de Santa Sofía. Terraza en la que comíamos cada mañana un fabuloso y variado desayuno.


Desayuno del viernes con Santa Sofía al fondo

El hotel dispone de una pequeña piscina, hamman y spa. La habitación no era muy grande, pero era cómoda (muchos armarios). El diseño no era recargado. Creo que ha mejorado desde la última vez. Otra de las ventajas del hotel es que estaba a escasos metros de una estación de tranvía (Gulhane)

Monedas y transporte:
Una vez instalados teníamos que ir a cambiar moneda, pero para no perder mucho tiempo la descambiamos en el mismo hotel, aunque por la zona más turística es fácil encontrar casas de cambio. (1€=2,2 Liras turcas aproximadamente).
Existe una cantidad y variedad enorme de transportes en Estambul: buses, tranvías, ferrys, taxi, funicular, tranvía histórico, teleférico, barcos, metro... Nosotros decidimos comprar una Istanbulkart (la venden en kioskos por ejemplo en los de Eminonu cerca del puente Galata).



Cuesta 6 LT (que teóricamente te devuelven cuando la retornas) y la recargamos en el mismo kiosko inicialmente con 20 LT más. No nos duraron mucho y en la siguiente ocasión la recargamos en las máquinas que hay en la parada de tranvía de Eminonu. Hay dos tipos de máquinas. Unas más pequeñas sirven para sacar el jetón (ficha o moneda que representa un solo viaje) y las máquinas más grandes donde se pueden recargar tanto la Istanbulkart como el antiguo akbil (una especie de llavero que hace las mismas funciones). Para recargar la tarjeta se coloca con la imagen boca abajo en una abertura que hay a la izquierda y que lee el dinero que te queda. A continuación introduces el importe a recargar en forma de billetes de 5, 10, 20...y así de fácil. Solo en un par de ocasiones compramos el jetón y en un caso era una ficha de plástico, y en otro una moneda. La ventaja de la Istanbulkart es que sale más barata (a pesar de que pagamos 6 LT por ella) que los viajes individuales, también por la comodidad de no tener que ir sacando el jetón cada vez, y además sirve para varias personas.



Tranvía, taxis, ferry cerca de Eminonu. Desde la pasarela que cruza la calle

La Istanbulkart sirve para todo tipo de transportes (taxi todavía no, y los barcos del crucero por el Bósforo tampoco), pero sí para tranvía, bus, ferry, metro, funicular, teleférico. El problema es que en Estambul no hay transbordo (al menos a nosotros nos descontaba cada vez que cogíamos otro medio de transporte). Eso hace que si sois varios y tenéis que ir lejos, por lo que quizás tengáis que hacer un transbordo, el taxi saldrá más a cuenta. Nosotros en este viaje no cogimos el taxi ni una sola vez, pero recuerdo hace 4 años que era una aventura. Primero tenías que pactar un precio (lo suyo sería que pusieran el taxímetro) y en el caso de que pusieran el taxímetro tenías que saber por dónde ibas y si no te cobraban la tarifa nocturna. Además no tenían aire acondicionado aunque hemos visto que los taxis parece que han renovado un poco la flota y cada vez se usa más el taxímetro. Eso sí, el tráfico es caótico y si vas a pie tienes que ir con cuidado porque los coches no paran y el tranvía pasa muchas veces rozándote.

Visita a las mezquitas:
El primer día, como ya eran más de las seis, no podíamos ir a visitar ningún museo (todos los cierran a las 19:00 h, pero la última entrada suele ser a las 18:00 h), así que decidimos visitar la mezquita azul (Sultan Ahmet Camii).



En Estambul hay una cantidad enorme de mezquitas. Algunas de ellas ocupan enormes edificios rematados por grandes cúpulas que confeccionan el característico skyline de Estambul. Otras, sin embargo, son más modestas y pasarían desapercibidas si no fuera por sus alminares. Muchas mezquitas fueron antiguas iglesias, convertidas al culto islámico por los otomanos tras la conquista. Las principales mezquitas son: la mezquita azul, la de Solimán, la mezquita nueva, de Rustempasa, Eyüp, Fatih, Atik Valide...
En Estambul se llama a los fieles a la oración cinco veces al día desde los altavoces situados en los alminares:


Cada alminar posee entre 2 y 3 balcones.
El número de alminares da razón de la importancia de la mezquita en particular.
La mezquita azul posee 6 alminares

Las mezquitas importantes servían, además de lugares de culto, de instituciones de caridad, con baños, cocinas, caravasares (alojamiento para viajeros), escuela, hospital.

En la actualidad ya no desarrollan todas estas funciones originales.
Así que la estructura central consta de un patio (avlu) donde se encuentra la fuente de las abluciones (sadirvan) que utilizan los fieles para los rituales de purificación. Los fieles antes de la oración se lavan la cabeza, las manos y los pies.


La fuente de las abluciones, de forma hexagonal,
ya no está en funcionamiento y es ahora puramente ornamental.
Los fieles utilizan las fuentes situadas en el exterior de la mezquita

El interior de la mezquita
. Si queremos visitar la mezquita deberemos observar algunas normas. Aunque la entrada es libre, deberemos evitar hacerlo en horas de oración, especialmente durante las principales reuniones, como el sermón de los viernes a las 13:00 h. Antes de entrar a la sala de oración hay que descalzarse (suelen disponer de bolsas de plástico para que introduzcas el calzado y lo lleves contigo o bien puedes dejarlo en unos bancos destinados a ello). Deben llevarse los hombros y las rodillas cubiertas. En algunas mezquitas las mujeres deben cubrirse el pelo, por lo que normalmente se prestan bufandas. Está prohibido comer, hacer fotografías con flash o quedarse parado cerca de los que rezan. De hecho suele haber una cinta separadora que los "giris" no traspasan.






La mezquita azul recibe este nombre por los azulejos de Iznik azules que decoran su interior. El interior de las cúpulas y bóvedas semicirculares de la mezquita están pintados con fascinantes arabescos sinuosos. Las ventanas no conservan las vidrieras originales del siglo XVII.

Cuando rezan, los musulmanes se dirigen a la Kaaba, (La Meca). El mihrab indica esta dirección. Para rezar se arrodillan y bajan la cabeza en señal de humildad y respeto a Alá. Las mujeres disponen de otro recinto más cerrado para rezar, o en terrazas.
La decoración siempre consta de exquisitas formas geométricas y sutiles trazos caligráficos ya que el Islam prohíbe las representaciones de seres vivos (humanos o animales). Dentro de las mezquitas (sobre todo las mayores) podremos ver una serie de elementos como son la mahfili, el mihrab, el minbar, la logia y el kürsü. En posteriores entradas mostraré imágenes de los mismos con una pequeña explicación de su función.
La vista de las cúpulas desde el exterior llama poderosamente la atención por su diseño en cascada.


Desde la puerta del hipódromo


Continuará...

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La capital de tres imperios

¿Dónde he estado estos últimos días?








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Somewhere over the rainbow

Para contrarrestar tantas malas noticias os dejo una canción preciosa en un entorno de ensueño.


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